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lunes, 22 de julio de 2013

:: Historia de Chetumal: Los chicleros ::

Recapitulando un poco en la historia del actual Chetumal; cuando esta ciudad se funda como Payo Obispo a finales de 1890, para ser exacto fue en el año 1898, empieza a habitarse con familias procedentes de la colonia inglesa y principalmente de habitantes de las zonas aledañas, cuando Othón P. Blanco llegó a bordo del pontón Chetumal; se inicia como una población en su principio flotante temporal con la presencia de los chicleros, es decir trabajadores contratados (la mayoría de éstos eran provenientes de Veracruz) para los trabajos de la extracción de la resina del chico zapote, abundante en esta región. Actualmente riqueza forestal agotada.

La temporada para la explotación  del chicle daba inicio el 1 de julio de cada año; aunque los preparativos para el inicio del trabajo eran desde el mes de febrero, porque era preciso organizar con toda anticipación los elementos necesarios tanto en lo que se refería al “monteo” del terreno como al aprovisionamiento de mercancías, transporte de las mismas “enganche” de trabajadores, establecimiento de “hatos” o campamentos para quince o veinte hombres que extraerían aproximadamente doscientos quintales por grupo lo que debería ser aproximadamente nueve mil kilogramos de chicle pero para que la resina escurra del árbol del chico zapote se tenía que cortar antes con la lluvia copiosamente, cuando estas se retrasaban o no caían, la temporada fracasaba, consecuentemente todos los gastos hechos previamente por los contratistas o explotadores se perdían de manera absoluta.

El tiempo que permanecían los chicleros en los campamentos antes del inicio de los trabajos, lo empleaban en el reconocimiento del monte, abrir brechas y acondicionar bien el “hato” picando alguno que otro árbol que le servía como entrenamiento como para obtener alguna resina para embarrar sus útiles augurando buena recolección.

Cuando se daba comienzo a la temporada, todos los trabajadores se levantaban muy de madrugada, desayunaban según decían con pésimo café y se internaban en el monte cada uno por su brecha que habían abierto, en donde permanecían con la ruda tarea de “picar”  árboles hasta después del mediodía, hora en que volvían al “hato” para almorzar y se quedaban toda la tarde dedicados a quehaceres domésticos personales, tales como el lavado de su ropa, arreglo personal, platicar, contarse mitos, leyendas o experiencias de su labor y minutos de esparcimiento junto a las hogueras que ahuyentaban fieras y alimañas de la selva.

Los fines de semana (por las tardes), los chicleros se dedicaban al cocimiento de la resina que habían obtenido durante la semana, labor que se realizaba entre varias personas pues por muy pesada, no podían realizarla individualmente; posteriormente se esperaba una hora en el proceso de enfriamiento y se procedía a enmarquetar y marcar con las iniciales  del permisionario o contratista, del capataz y el chiclero que lo extrajo. El capataz anotaba en su libreta la marqueta de cada chiclero, para su liquidación al término de la temporada.

Así era la vida de aquellos  hombres que se internaban al infierno verde durante muchas décadas cuando esta región era rica de árboles de chicozapote productores de ese látex que fuera en un tiempo fuente económica quintanarroense; en la actualidad sólo es un recuerdo de esa época, casi leyenda.

Actualmente la producción del chicle es una actividad poco atractiva en cuestión económica, pues ciertamente ya no hay mucha materia prima para trabajar, el único consorcio chiclero que se mantiene vigente hasta el momento, es Chicza S.A. de C.V., la producción anual de Chicza, que es de 500 toneladas (aproximadamente).

 

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Fuente: http://michetumal.mx/index.php?option=com_k2&view=item&id=1941:el-chicle-y-los-chicleros-en-quintana-roo&Itemid=268

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